Macanadas

Macanadas

Febrero 8th, 2010 at 10:07

La verdad,… ¿es la verdad?.

El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

- Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

- He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

- La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

- A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

–Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

- De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

- ¿Adónde vas?

- Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró:

- No lo creo.

- Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

- Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

- Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad… ¡Su verdad!

Cuento Hindú.

Comparta y disfrute:
  • Google Bookmarks
  • Yahoo! Bookmarks
  • Bitacoras.com
  • Twitter
  • Facebook
  • Meneame
  • MySpace
  • MSN Reporter
  • BarraPunto
  • Blogplay
  • blogmarks
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Mixx
  • Add to favorites
  • Print
  • email
  • RSS
  • PDF
Si te gusta este post y otros, puedes suscribirte a mi RSS feed!

Entradas relacionadas :

  • Un día, una mujer joven llamada Yun Ok fue a buscar a un gran y sabio ermitaño que vivía en una ...

  • “La verdad es el mejor camuflaje, nadie se la cree” (M. Frisb) “La astucia puede tener vestid ...

  • Fábula de Esopo Estaba un zorro llamado aaccoloo caminando por el bosque, tranquilo y feliz c ...

  • Ante las puertas de la ley hay un guardián. Un campesino se llega hasta este guardián y le pi ...

  • Mañana se casa mi hermana. Pues vale, ¿y a mí qué? Porque claro, he estado pensando y, vamos a ...

 

RSS feed for comments on this post | TrackBack URI