Hace unos años, un día cualquiera, dejé de mirarme el ombligo, tuve una vomitona de pluma y papel y escribí esto, que ahora me apetece compartir con vosotros. Es un texto -no hace falta ni decirlo- muy autobiográfico, pero tampoco exacto al 100%. Espero que os guste. Dedicado especialmente a las mujeres profesionales de mediana edad.

¡Cuánto ha cambiado la vida en pocos años! ¡Qué poco queda de la anticuada y estrecha mentalidad de nuestras madres y abuelas en la ejecutiva agresiva y triunfadora de hoy! ¡Qué maravillosos tiempos de cambios sin precedentes, de tecnología punta, de liberación y libre albedrío nos ha tocado en suerte vivir a las mujeres de nuestros días!
Mi abuela compraba cuarto y mitad de escabeche, y yo compro dos arrobas de Letras del Tesoro en otro colmado mucho más caótico; mi madre se afanaba en juntar “cupones hogar” para obtener una bonita báscula de baño; yo, en cambio, sólo lucho a brazo partido por acumular millas en mi tarjeta Miseria Pus, así podré seguir viajando más y más… hasta que un día me quede en Tombuctú y ya no vuelva. Y, en cuanto a la báscula de baño… mejor no me la mienten.
Mi abuela y mi madre sólo se dejaron dominar en su vida por un hombre: su marido, mientras que yo, que estoy tan liberada y me he ganado a pulso mi independencia, me dejo dominar, como mínimo, por: el jefe jerárquico, el jefe funcional, el jefe que no lo es pero como si lo fuera, el que preveo que algún día puede ser mi jefe, por si acaso, el ex-jefe que me ha visto ascender con la baba a flor de suelo, el director de Personal, el compañero que se cree que yo no valgo tanto como él y, lógicamente, le tengo que demostrar a diario que sí, los clientes chulitos, mis profesores del master, los proveedores que se sinceran conmigo, los tenderos de todo pelaje, los conductores de Bloff GTI, los dueños de talleres, los albañiles y escayolistas, los fontaneros, los médicos y a veces… también mi marido (es que estamos tan estresados y nerviosos los dos, que… en fin, pero a veces también le sacudo yo, que conste, lo cual no deja de ser un agrio consuelo). ¡Ah, y además me domina y putea un número aproximadamente igual de mujeres, por las mismas razones!.
Mis ancestras -¿se dice así?- al menos le pegaban cuatro gritos a sus hijos y se desahogaban, pero yo no puedo tener hijos, porque no me voy a jugar mi deslumbrante carrera profesional a un embarazo inoportuno (siempre son inoportunos, ahora), y no puedo permitirme el lujo de pasarme noches en blanco calmando llantos, cuando nadie calma los míos (bastante trabajo tengo con que no-se-no-ten-de-ma-sia-do), ni puedo manchar de potitos mi blusa YSL, con la pasta que me ha costado.
Mis antepasadas tenían chacha en casa, aunque no trabajaban, pero ahora no se tiene chacha porque es muy caro, se beben todo tu whisky, se ponen tu rimmel, gastan mucho teléfono y encima tienes que hacer como que no te das cuenta de nada, y sólo limpian la televisión para poder ver los culebrones, y exigen usar la cera del cangurito, y rompen tu cristalería veneciana, y además no se lleva nada tener chacha ni se les puede llamar así.
Mis espabiladas antepasadas se sabían superiores en clase y medios, y ejercitaban con sus chachas esas pequeñas maldades a las que hay que dar rienda suelta de vez en cuando para no morirse de asco. Yo tengo un equipo de 10 personas que “me reportan”, pero más me vale ser mimosa y tener cuidadito con ellos, traerles souvenirs de mis numerosos viajes, o al menos intrigar sin que se note ni quede evidente ¡y así no me da ningún gusto intrigar, ni me libro de morirme de asco! Cuanto más poder tengo, menos puedo ejercerlo: esto no me lo había dicho nadie…
Las mujeres de clase media de antaño no trabajaban, no madrugaban, no peleaban, no estudiaban, no hacían nada en la casa… sólo holgaban y se reían del mundo, cada día con el disfraz que les resultaba más divertido y apropiado; iban a la peluquería cada semana, merendaban con las amigas, iban de rebajas, le cambiaban el agua al canario y veían crecer a sus hijos. Antes, un sólo sueldo daba para mantener una mujer (o dos), una casa en el centro, un coche, cuatro o cinco hijos, una suegra, unos padres, una hermana solterona, un perro, un canario, una tortuga y una chacha, pero ahora, después de partirnos los cuernos estudiando y de dejarnos el alma a base de trabajar como auténticas bestias pardas los dos, apenas ahorramos para tener una casita de dos habitaciones minúsculas en las afueras ¡y no tenemos hijos, ni perro, ni chacha! Yo creo que todo nuestro sueldo se lo llevan el Pizza Já y el chino de abajo, a quien encargamos la cena casi a diario porque no nos quedan fuerzas para cocinar nada.
A propósito de cocina, es cierto que hoy día tenemos electrodomésticos que ayudan mucho en la vida doméstica, pero, párate a pensar: la vaporetta no te ha solucionado mucho la vida, porque hay que pasar mucho tiempo llenándola, calentando el agua, cambiando de tubos, cepillos y bayetas, frotando y recogiendo el vapor condensado que ha chorreado ardiente por todas partes (incluidos tus delgados y torneados brazos); el robot Pinewood no lo sacas de su emplazamiento desde que te casaste, reconócelo: no tienes tiempo de hacer pasta casera, de licuar zanahorias, de picar la carne tú misma o de amasar bizcochos, además… sólo para dos no merece la pena; el lavavajillas Poch -¡qué maravilla!- casi lo has desechado desde que llamas a la pizzería y al chino y usas vasos de plástico y platos de cartón; la lavadora-secadora Ríete es un trasto considerable que cada vez usas menos, porque tus delicadas blusas de seda de firma, tus braguitas de blonda, tus panties, tus pañuelos suizos bordados a mano, tus sostenes maravillosos, sus calcetines de hilo de Escocia, sus boxer de algodón, vuestras chaquetas de cashmere deben ser lavados a mano… además gasta energía, hace ruido y te saca la ropa tan arrugada como siempre, en términos reales, pues la tienes que planchar igualmente. ¡Menos mal que tienes tu plancha Polenta, que nadie usa con tanto garbo como tú el domingo por la tarde!.

Tu frigorífico combi Liebchen sin CFCs está siempre lleno gracias a las grandes palizas que os pegáis los dos el sábado, aprovechando vuestra tarde libre, pero hay que tener tal control de las fechas de caducidad, tal asepsia y high-tech en el congelado de alimentos, tal capacidad de previsión en el descongelado, que te agota sólo pensarlo y ¡cómo se ensucia, puaggg! ¿Y qué decir de tu magnífica cadena de música Bang & Pitufsen MIDI? La verdad es que casi no tienes tiempo de escucharla y hace siglos que no compras un disco, pero es realmente buena: la pobre cadena languidece junto a tu librería de cerezo, cuajada de libros que nunca has leído y nunca leerás. Reconoce que sólo usas tres electrodomésticos: el microondas, el abrelatas y el televisor.
Ejecutiva agresiva, mírate al espejo y descubrirás que no puedes seguir viviendo así, pero tampoco soportas vivir de ninguna otra forma, porque ya has probado el éxito y eso engancha; no puedes dimitir, ni renunciar a nada de lo que tienes, porque alguien podría insinuar que no estás capacitada, que eres una “blanda” y que las circunstancias han podido contigo, y eso te horroriza: vives más pendiente del qué dirán que tu madre, tu abuela y tu suegra juntas. Ejecutiva agresiva, ten un rapto de sinceridad y reconoce que estás metida hasta el cuello en la rueda, haciendo todo lo que dijiste que jamás harías y aplazando por octava vez tu cita con el ginecólogo.
El vuelo vertical del Monocorde ya ha dejado de asombrarte; has paseado tu maletín de Lluewe por los business centers más famosos del mundo; has dormido (a golpe de Groguilium Forte) en las más lujosas acojosuites, y has sentado tu liposuccionado trasero en las VIP Lounge de todos los aeropuertos de Europa y USA, observando con hilaridad cómo otros tontainas tan desgraciados como tú leen el Financial Thai sin tener ni idea de inglés ni de Economía y usan su laptop nuevo para jugar al buscaminas. ¡Por fortuna, el stress acabó hace seis meses con el eterno problema de la regla, que te llegaba siempre en mitad de las reuniones de Bruselas!.
¿Qué hace una chica como tú estableciendo alianzas estratégicas con gente infumable, guardando pruebas de todo y contra todos, contradiciendo en público a quien siempre apoyaste, por una cuestión tan cutre y banal como salvar el pellejo? Intrigas por el puro placer de hacer algo productivo con tu vida, aunque a veces te da escalofríos descubrir cómo una náusea profunda y ancha acampa en tu espina dorsal y se adueña de tu estómago; ¡menudo precio estás pagando por el raquítico placer que te proporciona ver alguna que otra cara alucinada cuando les alargas tu tarjeta o visitan tu despacho con ventana!

Tonta de baba: ¿es que no te das cuenta de que quien te vea conduciendo tu flamante BBV por la calle va a pensar de forma inevitable que te lo ha prestado tu marido para ir de compras a Serrano? ¿Acaso no te has dado cuenta de que el portero sólo le obedece a él, que es quien manda de verdad? La auto confianza y seguridad en ti misma, que tanto trabajo te costó desarrollar teniéndolo todo en contra, es interpretada en esta sociedad hostil como engreimiento o soberbia y, lejos de abrirte puertas, sólo consigue irritar profundamente a cuantos te rodean.
Mira hacia atrás, a ver si encuentras algún rastro de tus amigos, de tus compañeros de carrera, de tus aficiones, de tus tardes de lectura, cine y filosofía compartida; a ver si adivinas en qué revuelta del camino se quedaron todos sin resuello, mientras tu seguías tu imparable carrera hacia la nada con aire muy marcial. Tu vida es, al contrario de lo que piensan tus hermanos, tus tías y tu peluquera, una gran chapuza y, lo que es peor, no te explicas cómo has podido llegar a tan lamentable estado.
Ejecutiva agresiva, en confianza: ¿te has parado a pensar qué sería de tí sin tu osito de peluche?
Azucena Paradox
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La Azu ha sido genial, increiblemente exacta en la vida de la ejecutiva agresiva… me encanta la parte donde mima a su equipo de diez personas porque cuanto más poder tiene menos puede ejercerlo… lo peor de todo no es eso lo peor es que se te quejen a un sindicato ja ja ja.
Ya te contare.
Besos
Pancrasia
Pancrasia on Noviembre 1st, 2008